En Perú, 92 de cada 100 sesiones que llegan a la sección de acompañantes de Skokka salen de un celular, según datos propios de la plataforma. No es una tendencia en marcha: hace un año la proporción ya rondaba el 90%. El teléfono no está ganando terreno en este mercado, ya lo ganó hace tiempo.
Ese dato importa porque desplaza una imagen todavía común del oficio: la de una actividad atada a un local físico, un horario fijo y, en el caso peruano, a un trámite municipal. Los datos de audiencia sugieren otra cosa, un mercado que hoy se organiza, sobre todo, desde la pantalla de un teléfono y en el momento que cada quien elige.
Lo que muestran los datos
Entre abril y julio de 2026, el 92% de las sesiones a la categoría de acompañantes de Skokka en Perú se realizaron desde un celular, frente a 7,5% desde una computadora y 0,5% desde tablet u otro dispositivo (Google Analytics 4, Skokka Perú). La proporción es casi idéntica a la del mismo período de 2025, cuando era de 91,7%. El tráfico total creció cerca de 11% interanual, pero el reparto entre dispositivos apenas se movió. Dicho de otro modo, el celular no está desplazando ahora a la computadora, ese desplazamiento ya se consolidó hace tiempo, y lo que sigue creciendo es el uso dentro de ese mismo formato.

El horario acompaña la misma lógica. La curva de sesiones por hora, con cifras aproximadas por el muestreo que aplica Google Analytics a este tipo de reportes, muestra un valle claro entre las 3 y las 4 de la mañana y un pico entre las 3 y las 6 de la tarde, con la hora más alta alrededor de las 4pm. No hay, en los datos, una concentración nocturna marcada: el tráfico crece desde media mañana, se sostiene toda la tarde y desciende de forma gradual hacia la madrugada.

Estos son datos de audiencia, es decir, de quienes visitan la plataforma, en su mayoría personas que buscan el servicio. No miden de forma directa la agenda de las trabajadoras y trabajadores sexuales, sino el momento y el dispositivo desde el que se mueve la demanda de este mercado.
Por qué la migración al celular importa
La foto de un mercado que vive en el celular contrasta con la arquitectura legal y administrativa que Perú construyó para esta actividad durante más de un siglo. Desde 1911, cuando se creó el Departamento de Licencias Especiales, el Estado peruano intentó regular el trabajo sexual mediante el empadronamiento de locales y exámenes médicos periódicos, una lógica que en su forma actual sigue vigente: hoy, el ejercicio de la prostitución entre personas adultas es permitido si estas se registran ante la autoridad municipal competente y cuentan con un certificado de salud, y los locales dedicados a esta actividad deben tener licencia. Lo que el Código Penal peruano castiga no es la venta de sexo entre adultos, sino delitos asociados, como la trata de personas, el proxenetismo y el rufianismo.
Ese marco, sin embargo, describe apenas una parte del oficio tal como se ejerce hoy. Distintas fuentes, entre ellas reportes de organismos internacionales, han señalado durante años que la mayoría de quienes se dedican al trabajo sexual en el país lo hacen sin registrarse ni acceder a un seguro médico, y que la actividad no licenciada suele ser tolerada de facto por las autoridades. La distancia entre la norma, pensada para un trámite presencial y un local físico, y la práctica actual, una oferta que circula sobre todo por plataformas digitales accesibles desde un celular, es difícil de medir con precisión, pero también difícil de ignorar. Esto último es una lectura y no una medición exacta, no existen datos oficiales que crucen el registro sanitario municipal con el uso de plataformas digitales.
Cuando el horario ya no lo pone el local
La migración al celular no es exclusiva del trabajo sexual, acompaña una transformación más amplia en la manera en que se organiza buena parte del trabajo informal en América Latina. Pero en este oficio en particular, el cambio de soporte tiene un peso específico. Un local físico impone un horario de atención, una tercera persona a cargo del espacio y, con frecuencia, un pago por su uso. Un anuncio en una plataforma digital permite decidir cuándo publicarse, en qué franja horaria concentrar la atención, y prescindir de ese intermediario físico.
Que el pico de tráfico ocurra en la tarde, un horario compatible con otras rutinas como el trabajo, el estudio o el cuidado de hijos, es coherente con un oficio que se organiza cada vez menos alrededor de un local fijo y cada vez más alrededor de una agenda propia. Otra vez, esto es una interpretación razonable a partir del patrón observado, no una prueba directa de la motivación de quienes ofrecen el servicio.
La literatura académica sobre el trabajo sexual en el Perú, como el trabajo de la investigadora Lorraine Nencel sobre género, identidad y pobreza en el oficio, describe una actividad marcada históricamente por la precariedad y el estigma antes que por la organización formal. La digitalización no elimina esas condiciones estructurales, pero sí cambia el punto de partida, de un local que otros administran a un perfil que cada quien gestiona desde su propio teléfono.
Lo que suele quedar afuera
Detrás de estas cifras hay personas que, en su mayoría, ejercen el oficio fuera de cualquier registro oficial, sin el certificado de salud que exige la norma, sin acceso a seguro médico y, en no pocos casos, expuestas al cobro de cupos por parte de terceros que exigen dinero a cambio de permitir el ejercicio de la actividad en la vía pública, tal como han denunciado públicamente organizaciones de trabajadoras sexuales en Lima en años recientes. La migración a lo digital no resuelve esa desprotección estructural, cambia el canal por el que se organiza la demanda, pero no la red de seguridad que sigue faltando del otro lado. Naciones Unidas ha estimado, como aproximación y no como censo, que en el país ejercen el oficio decenas de miles de personas, la gran mayoría mujeres.
Un retrato, no un veredicto
Los datos de audiencia de Skokka en Perú describen un mercado que ya migró al celular, que no distingue entre mañana y noche tanto como suele suponerse, y que convive con un marco legal pensado para otro tiempo, el de las oficinas de registro y los exámenes médicos presenciales de comienzos del siglo pasado. No dicen si eso es mejor o peor. Solo muestran, con la precisión que permite un dato de tráfico, dónde y cuándo ocurre hoy este oficio.
Fuente de los datos: Skokka Perú, abril-julio 2026 (Google Analytics 4).
Referencias de contexto: Código Penal peruano (delitos de trata de personas, proxenetismo y rufianismo); marco de registro municipal y certificado de salud para el ejercicio de la prostitución entre personas adultas en Perú (Trafficking in Persons Report 2008, Peru, US Department of State, http://www.unhcr.org/refworld/publisher,USDOS,,PER,484f9a3528,0.html); creación del Departamento de Licencias Especiales en 1911 (LP Derecho, https://lpderecho.pe/ley-vagancia-historia-derecho/; Decreto Ley N.º 11004, 1949, https://docs.peru.justia.com/federales/decretos-leyes/11004-apr-8-1949.pdf); Nencel, Lorraine (2000), Mujeres que se prostituyen: género, identidad y pobreza en el Perú, Ediciones Flora Tristán (ISBN 9972610160); estimación de ONUSIDA sobre trabajadoras sexuales en Perú, 2016 (https://web.archive.org/web/20190604174922/http://www.aidsinfoonline.org/gam/stock/shared/dv/PivotData_2018_7_22_636678151733621264.htm); reportes periodísticos sobre cobro de cupos a trabajadoras sexuales en Lima, 2022 (Swissinfo, https://www.swissinfo.ch/spa/perú-prostitución_pagar-para-prostituirse–el-enorme-drama-de-las-trabajadoras-sexuales-en-lima/47423470; Los Angeles Times en español, https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2022-07-01/trabajadoras-sexuales-protestan-por-extorsiones-en-peru).