¿Por qué sentirse seguro sigue siendo un privilegio para tantas personas? Hoy hablamos de las trabajadoras sexuales, una realidad que lleva presente toda la vida, pero en la que todavía existen prejuicios, violencia y rechazo hacia quienes trabajan dentro de esta industria.
En el Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales, queremos detenernos un momento y reflexionar sobre todo lo que todavía sigue ocurriendo, esta vez contando historias reales de una anunciante de Skokka, y resolviendo muchos “por qués” que todavía hoy se siguen cuestionando.
¿Por qué existe el Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales?
Primero hablemos del origen de una de las protestas más importantes en la historia luchando por los derechos de las trabajadoras sexuales.
El 2 de Junio de 1975, más de cien trabajadoras sexuales ocuparon la iglesia Saint-Nizier, en Lyon, Francia. La protesta hablaba de la gran violencia policial, la persecución institucional y las condiciones de vulnerabilidad que enfrentaban diariamente.
Estuvieron resistiendo durante ocho días hasta que el 10 de junio fueron desalojadas violentamente por las fuerzas de seguridad.
Buscaban exponer una realidad que durante años permaneció silenciada: muchas trabajadoras sexuales sufrían agresiones constantes mientras el Estado y gran parte de la sociedad miraban hacia otro lado.
La valentía de estas personas inspiró el surgimiento del Sindicato de Trabajadoras Sexuales.
Desde entonces, esta fecha se convirtió en un símbolo de resistencia y visibilidad. Sin embargo, casi cincuenta años después, muchas de las problemáticas por las que luchaban siguen sin cambiar.
Por eso existe el Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales. A pesar de todo lo peleado, sigue existiendo una contradicción que no nos deja avanzar: mientras el deseo se consume diariamente, quienes trabajan dentro de esta industria siguen enfrentando inseguridades, discriminación y mucha violencia.
¿Por qué el “Paraguas Rojo” se convirtió en el símbolo mundial de las trabajadoras sexuales?
El movimiento del Paraguas Rojo surgió en el año 2001 durante la Segunda Conferencia Europea de Trabajadoras del Sexo en Venecia, Italia. En aquella ocasión, el Comité de Derechos Civiles de las Prostitutas organizó una manifestación donde los asistentes portaron paraguas rojos para protegerse de la lluvia y, al mismo tiempo, llamar la atención pública para visibilizar sus demandas.
Con esta coincidencia muy bien pensada, este elemento se ha consolidado como uno de los símbolos más reconocidos a nivel mundial sobre las trabajadoras sexuales, un emblema de protección, resistencia y lucha.
Este movimiento utiliza el símbolo para denunciar las contradicciones sociales que siguen vigentes.
Internet cambió parte de esa realidad. Actualmente, muchas trabajadoras sexuales utilizan plataformas digitales para gestionar sus perfiles, controlar sus horarios y ampliar su autonomía. Sin embargo, la exposición online también generó nuevos riesgos.
Hoy existen amenazas como filtraciones de contenido, robo de imágenes, acoso digital y difusión de datos personales. Incluso la inteligencia artificial abrió nuevas formas de violencia mediante deepfakes y contenido manipulado sin consentimiento.
Papeles como el de Skokka son los que ayudan a una transformación de los espacios digitales organizados y visibles para que las personas puedan gestionar su actividad con mayor control y seguridad dentro del entorno online.
Hemos creado nuestro propio paraguas rojo.
¿Por qué debemos proteger el trabajo sexual?
Proteger el trabajo sexual no significa idealizarlo. Significa entender que el respeto y la dignidad nunca deberían depender de una profesión.
Estamos hablando de la profesión más antigua del mundo, una profesión que en muchos lugares todavía sigue estando rodeada de moralismos y escándalo.
Millones de personas consumen estos servicios en privado mientras condenan públicamente a quienes trabajan dentro de esta industria. Esa doble moral sigue muy presente en gran parte de la sociedad y continúa alimentando prejuicios, estigmas y desinformación.
Un entorno de trabajo desorganizado puede aumentar los riesgos. En cambio, contar hoy con plataformas online como Skokka permite reducir ciertos niveles de exposición descontrolada y facilita una interacción más transparente entre adultos.
Palabras de una trabajadora sexual de Skokka

“Muchas personas creen que ser trabajadora sexual es algo degradante, indigno de respeto. Yo digo que eso no es verdad.
Muchas de estas mujeres son el único sustento económico de su familia. Son madres, hijas, mujeres luchadoras y ciudadanas como cualquier otra persona.
Y que quede muy claro: ¡siempre hemos existido!
Hablo desde mi experiencia: estoy agradecida con mi trabajo por permitirme tener una vida digna. Y, al contrario de lo que mucha gente piensa, muchas de nosotras tenemos estudios, somos inteligentes, hablamos dos o más idiomas y llevamos historias de superación a nuestras espaldas.
Pero tampoco podemos cerrar los ojos ante aquellas que todavía viven en situaciones precarias, en las calles y callejones, vulnerables a la violencia y al abandono. Ellas también merecen protección, apoyo y respeto.
Y hablando de protección, el paraguas rojo se ha convertido en un símbolo de lucha, unión, dignidad y acogida para todas nosotras. Me enorgullece representar a Skokka en Brasil, por ser un espacio que busca ofrecer visibilidad, seguridad y apoyo a tantas mujeres.
No estar de acuerdo con el estilo de vida de alguien es un derecho. Pero respetar las decisiones y la humanidad de los demás es una obligación.” — Solange, embajadora de marca de Skokka Brasil.
Entonces, desde Skokka, queremos invitarte a reflexionar sobre esta realidad: ¿cuándo la seguridad se convirtió en un privilegio y no en un derecho?